La Buena Actitud

Hay gente a la que todo le sale bien. Es la típica persona que sale la noche antes de un examen mientras tú te quedas estudiando y aunque no abrió un libro aprobó el examen y tú no. Es el que tiene un buen trabajo y aún así recibe ofertas de empleo sin buscarlas cuando tú no encuentras trabajo. El que encuentra un piso en el centro por el mismo precio que pagas tú en un barrio apartado y además compartiendo.

Todos conocemos a gente así. Cuando analizas a alguno de forma objetiva puede que descubras que no tiene nada especial. No es una persona brillante, no tiene más talento que tú, no es particularmente atractivo, no es ordenado, ni decidido, ni constante, ni siquiera tiene más dinero que tú, pero aún así todo le sale bien.

Cuando eso pasa lo que nos dicta la lógica es que el éxito de esa persona es producto de su suerte. Que si tiene algo que nosotros no tenemos y no es por mérito, entonces ha de ser por una mezcla de factores externos que escapan de su control. Que es porque estuvo en el lugar apropiado en el momento apropiado y poco más. Por lo tanto pensamos que el éxito de esas personas es imposible de replicar.

Pero la suerte no es magia. Quienes creen en la suerte lo hacen porque no encuentran un principio para justificar lo que perciben. Es como cuando juegas a la ruleta. Eliges apostar a un número por probabilidades y si cae en ese número y no en otro lo consideras suerte. Pero si fuese posible entender en ese momento todas las variables que intervienen en el movimiento de la ruleta y de la bola, cómo influye cada cosa en su trayectoria, entonces podrías predecir perfectamente dónde va a caer la bola, no lo llamarías suerte. Suerte es una palabra que usamos cuando no entendemos los principios que rigen las cosas.

De manera que a lo que llamamos suerte no es otra cosa que la manifestación física de un principio que no vemos (cuando nos favorece). No lo vemos porque la suerte es el resultado visible de un proceso interno que es invisible para el que está afuera. Es invisible porque ocurre dentro de la otra persona y por eso cuando vemos el resultado nos parece algo mágico, que apareció de la nada, lo llamamos suerte. Esa "magia" no es una fuerza externa, es un principio. Cuando entiendes el principio descubres que la suerte está presente en todo lo que haces porque la suerte no es otra cosa que una actitud.

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